Tenoya en el olvido

 

En el límite del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, pegadito a Arucas y atravesando un túnel bicentenario, llegamos a uno de los pueblos con más historia: Tenoya. Más de 500 años de vida en los que ha pasado de pertenecer a Arucas, trasladándose después por el antiguo municipio de San Lorenzo hasta llegar al de Las Palmas de Gran Canaria. Su historia nos la relata Domingo, un vecino enamorado de su pueblo que nos va contando, con todo lujo de detalles, el devenir de Tenoya.

Así vamos recorriendo su casco antiguo. Pasamos por su ermita centenaria que, pese a tener una de las campanas más antiguas de la isla, no la quieren reconocer como BIC. Y atravesamos lo que, oficialmente, se llama “Plaza de Nuestra Señora de la Encarnación” que, aunque tiene nombre, de plaza tiene poco.

Lorenzo nos va guiando por el pueblo y varios vecinos se unen a nosotros, quienes nos van transmitiendo sus problemas, las necesidades de su pueblo, mientras caminamos por esas calles que no recuerdan cuándo fue la última vez que se asfaltaron. Unos nos cuentan los problemas que tienen con el alcantarillado que, cuando hay lluvias, si no salta la tapa, ven como sus casas se inundan de aguas fecales.

Nos invitan a entrar a sus casas. En una de ellas vemos, desde la azotea, las irregularidades cometidas con la planta del biodigestor que, sin respetar las lindes y totalmente pegado a sus viviendas, pone en peligro su seguridad, o al menos así lo indica un cartel en el que puede leerse que existe riesgo por atmósfera explosiva.

Una zona tranquila, amable, poco transitada debido, sobre todo, a que el transporte público apenas llega y los vecinos tienen que caminar hasta la calle principal para poder coger las guaguas de Global. Eso sí, hay que cruzar los dedos para que los operarios del biodigestor no tengan bloqueada la carretera ni se hayan apropiado de las zonas de aparcamiento.

Buscamos algún parque donde los niños puedan jugar, pero no hay. Aunque sí tienes unas canchas deportivas, que deben ser más antiguas que la propia Ermita, ya que el estado en el que se encuentran hace imposible cualquier práctica deportiva.

A pesar de todo, Tenoya es un pueblo encantador, con unas vistas increíbles, rodeado de naturaleza y con unos vecinos cargados de paciencia que denuncian, luchan por su pueblo y esperan, año tras año, que algún día el ayuntamiento se acuerde de ellos, los defienda y los apoye ante las irregularidades de la planta de biodigestor y se digne a reparar sus calles, sus canchas deportivas y a dotarles de lo que otros tienen y ellos no.

Desgraciadamente, no se ve intención alguna de que esto pueda suceder en este mandato del tripartito, ya que ha vuelto a demostrar que en unas zonas de nuestro municipio desgobierna y, de otras, ni se acuerda de que existen.