Las Palmas de Gran Canaria ante el impacto del cambio climático

 

 

El cambio climático es una realidad científica demostrada y, aunque muchos lo vean como algo muy lejano, las consecuencias se llevan viendo desde hace años en nuestro municipio: la subida del nivel del mar, el incremento de la temperatura, incluyendo el efecto isla térmica, la ausencia de precipitaciones, la llegada de calimas, etc. Estas consecuencias alterarán el concepto de ciudad que tenemos ahora y es necesario que pongamos los mecanismos pertinentes para que Las Palmas de Gran Canaria pueda combatir dichos cambios con la suficiente antelación que asegure el desarrollo sostenible de la ciudad, la seguridad de las instalaciones y sobre todo, de las personas.

Esto no es cuestión de un mandato, no hablamos de cuatro años, hablamos de 10, 20 años, por eso es necesario que, gobierne quien gobierne, todos seamos conscientes de la que se nos viene encima y comencemos a proyectar las medidas necesarias para paliar el impacto económico y medioambiental que supone el cambio climático en nuestra ciudad.

Comencemos por nuestro litoral. Los científicos prevén una subida del nivel de mar de aproximadamente un metro, de aquí a final de siglo. Parece poco ¿verdad? No parece importante, pero una subida de un metro del nivel del mar puede significar la pérdida de alrededor de 7 metros en la joya de la ciudad: la playa de Las Canteras, también afecciones de nuestra famosa barra de Las Canteras, ya bastante deteriorada y que necesita un plan urgente de conservación y de mejora para salvaguardarla. La barra es la responsable, en gran parte, del h ermoso ecosistema que forma la playa de Las Canteras.

Todos estos cambios tienen grandes impactos socioeconómicos para nuestro municipio. No solo en el litoral, también en todo el contexto municipal por lo que hay que trabajar intensamente en re-pensar nuestro modelo de ciudad. Pero no es sólo Las Canteras, ¿Qué pasaría con la potabilizadora de Jinamar? ¿O con el barrio marinero de San Cristóbal?, el único barrio pesquero que nos queda. ¿Y la avenida marítima? Que ya tiene puntos negros que se inundan y que, ahora, se quiere sacar un nuevo carril, ganado al mar, para las obras de la Metroguagua. En cualquier ámbito de desarrollo sostenible, la construcción de un nuevo carril, de ocupación litoral no tiene cabida. Este es otro de los grandes problemas al que nos enfrentamos: no estamos teniendo en cuenta que las alteraciones de nuestro litoral, con nuevas infraestructuras, modifican su ecosistema, alteran la dinámica marina y pueden causar una erosión acelerada.

¿Hay soluciones? ¡Claro que las hay! Y pasan por proyectar con antelación, coger los estudios realizados y aplicarlos. O sea, poner la I+D+i al servicio de nuestro litoral, de nuestra hermosa barra de Las Canteras, de nuestra avenida marítima, de nuestro istmo. En definitiva, de nuestra ciudad.

A todo esto hay que unir todas las actividades que provocan una pérdida de la capacidad de resiliencia de nuestro entorno litoral. Por ejemplo, los vertidos de aguas residuales Tenemos una planta depuradora que no da abasto a la demanda que tiene, que ha quedado tan obsoleta, que no está preparada para los vertidos que hoy se producen en muchos casos, ya sea por la capacidad o por la naturaleza del vertido, que hay muchas empresas que vierten residuos con una gran cantidad de sales, que las canalizaciones están deterioradas, etc. Para esto no es necesario esperar, hay que actuar ya y modernizar la planta depuradora y adaptarla a los nuevos vertidos, de tal forma que funcione en óptimas condiciones y se pueda reutilizar esa agua. Cerrar el ciclo del agua en el municipio es vital, y sí, eso también es luchar contra el cambio climático.

El escenario bajo el paraguas del cambio climático no sólo va a afectar a nuestro litoral, también a nuestra ciudad interior debido, entre otros al      incremento de las temperaturas. Hemos construido una ciudad llena de cemento, alquitrán y hormigón, con pocos espacios verdes, que es lo primero que perdemos ante nuevas obras. Entiendo por zonas verdes urbanas más que una maceta o un poco de césped. No le damos valor a las aguas pluviales, las tratamos como residuos y terminan en el mar. Y si a esto le añadimos las filtraciones de nuestro sistema de alcantarillado que, en vez de renovar, lo parcheamos una y otra vez, nuestra ciudad se está convirtiendo en un inmenso pozo negro de malos olores y de un gris de cemento, con pocas zonas de sombra vegetal, mucho macetero y pocas plantas. Es necesario cambiar el concepto de ciudad, de mejorar y cuidar nuestro arbolado, de definir qué tipo de árbol es necesario en cada zona, esto no es plantar por plantar. Un detalle: tenemos una avenida marítima sin ninguna zona de sombra, ni parterres, ni árboles, algo inaudito en cualquier zona de esparcimiento y de paseo que se precie en cualquier ciudad.

El cambio climático llegó hace tiempo, lo tenemos hoy y será responsabilidad de nuestros políticos el que nos lo tomemos en serio y comencemos a proyectar una ciudad que cuide de nuestro litoral, que se oxigene con zonas verdes, que cuide de nuestra agua y, sobre todo, que adquieran conciencia de que estos proyectos, que ya deben comenzar a realizarse, deben ser pensados para más de una década, pero no por ello debemos dejarnos ir y esperar a que pase para buscar la solución. La solución debe estar antes de que suceda.

Fotografía: Kristhóval Tacoronte