Reflexiones desde mi ventana

 

 

El coronavirus nos ha traído muerte, desesperación, miedo, pánico y, sobre todo, confinamiento. Pero también nos ha hecho parar, reflexionar sobre nuestra forma de vida y la de los nuestros. Nos ha hecho darnos cuenta de lo que es verdaderamente importante.

¡Con qué poco nos conformamos ahora! Pienso en lo que quiero hacer cuando esto termine, y sólo tengo en mi mente el mar: un paseo por la playa, nadar.

Este puñetero virus nos ha hecho tomar conciencia, una vez más y por si alguien aún tenía dudas, que lo verdaderamente importante es la salud; un trabajo que nos permita vivir, no a lo grande, simplemente vivir, y tener una buena educación para que las nuevas generaciones vivan y nos permitan vivir dignamente.

Y también nos ha hecho más solidarios: pensamos en esas personas que están solas, en esos niños que si no van al colegio no tienen para comer, en esos mayores a los que la injusticia de la enfermedad, o el miedo a contagiarse, les está privando de disfrutar de sus seres queridos, en esos niños que esperan con ilusión el día de su cumpleaños y se lo han robado. Paralelamente, todos los días vemos gestos solidarios: voluntarios que llevan comida a personas mayores, a familias sin recursos, que le bajan la bolsa de basura a los que no pueden salir. Y me emociono, me emociono con esa complicidad que se ha generado entre cuerpos de seguridad y sanitarios, con esos aplausos y sirenas, con los mensajes en las redes de ánimo por parte de muchos colectivos,…

Nos recortaron en investigación y hoy estamos deseando que aparezca una vacuna; nos recortaron en sanidad y ahí están los sanitarios dándolo todo por nuestra salud, nos recortaron en educación y ahora hemos visto la debilidad de nuestro sistema educativo; nos hemos despreocupado de nuestros autónomos y hoy son los grandes perjudicados. No hemos valorado a nuestros cuerpos de seguridad, incluido el ejército, pero siguen cuidándonos e intentando que este virus no se propague más controlando el confinamiento.

Nos empeñamos en ser de distintos colores, en que la ideología política esté por encima del bienestar del ciudadano, y hoy todos queremos lo mismo: que esto acabe.

No pretendo, con mi reflexión, echar culpas a nadie ni generar conflictos, sólo que nos demos cuenta de lo que es verdaderamente importante y que, sea el que sea el partido político que gobierne, que no se olvide hacia dónde se deben destinar los recursos públicos para que el bienestar de todos impere en las decisiones políticas que se tomen en el futuro: Sanidad, Educación, Economía, Seguridad y Servicios Sociales.

Podremos tener ciudades más bonitas o más feas, con más o menos zonas ajardinadas, con más o menos eventos culturales, con más o menos monumentos que visitar, pero si no tenemos salud para disfrutarlo, dinero para gastar en ello, educación para comprenderlo y seguridad para pasear ¿De qué nos sirve?

Quiero un gobierno que, cuando presente los presupuestos, refleje lo que es verdaderamente importante, un gobierno que recorte en lo innecesario. Quiero que las cosas cambien y que podamos no sólo vivir con holgura, sino con el ahorro suficiente para que no nos vuelva a “pillar el toro”.

A todos los políticos les digo: no desaprovechemos estos momentos de reflexión, y no permitamos que sólo sea eso, una reflexión.

P.D. He seguido una sugerencia que hizo un amigo en Facebook: guardar un euro por día de confinamiento y, cuando esto termine, gastarlo en algún comercio cercano que ha tenido que cerrar. Les animo a que hagan lo mismo