“Tamaraceite en el olvido”

 

No puedo tenerlos viviendo con la mierda, me parece inmoral”. Estas palabras son de D. Javier Doreste, concejal de Urbanismo, publicadas en noviembre de 2015 en un periódico local en relación a las malas condiciones en las que vivían los vecinos de Tamaraceite, a la espera de la reposición de sus viviendas. También dijo que su intención era “que en 2016 ustedes tiren de la cisterna y no se salga por la fachada”. Yo les aseguro que en el 2018 la situación no era la misma, era peor, y en el 2020 nada ha cambiado.

El plan de reposición de Tamaraceite se ha caracterizado por la caótica distribución de las nuevas viviendas, ya que les han correspondido a vecinos de distintos bloques, lo que ha imposibilitado el traslado de bloques enteros, derribo y nueva construcción.

Esto ha llevado a que, hoy en día, en algunos bloques solo quede una familia, las comunidades se hayan anulado y la situación de aislamiento e inseguridad en la viven estas familias sea espantosa. ¿Y la culpa? Cuando una familia es trasladada, la vivienda antigua pasa a titularidad municipal, por lo que el ayuntamiento es responsable de hacerse cargo de los gastos de comunidad y de mantener el inmueble en un mínimo estado de salubridad que permita, a los vecinos que todavía continúan en el bloque, una estancia digna, limpia y segura. Pero no ha sido así, el ayuntamiento se ha desentendido de esas viviendas, ha permitido que la basura se acumule, que las cucarachas y las ratas campen a su antojo, que las cañerías se atasquen y que se abra la puerta a okupas que, en la mayoría de los casos, alteran el orden y la seguridad en el edificio.

Así están los vecinos en estos momentos: viviendas terminadas y asignadas, pero muchos no se pueden mudar por motivos de movilidad, ya que los ascensores no están en funcionamiento todavía. Quedan unas 80 familias viviendo en condiciones infrahumanas y ni siquiera saben cuándo y a dónde se trasladarán.

Y las obras paradas, y el ayuntamiento pagando alquileres a los que ya tienen vivienda asignada pero todavía no pueden ocuparlas. Así llevamos los últimos cuatro años.

¿Y qué va a suceder con los okupas que se han ido trasladando a viviendas abandonadas? Siendo estas de propiedad municipal, el ayuntamiento tiene capacidad de actuar, pero no lo hace, por lo que, cuando llegue el momento del derribo, ¿habrá también que asignarles nuevas viviendas? Se supone que las familias que tienen derecho a reposición son propietarias, tienen sus escrituras, pero los okupas están con el beneplácito del ayuntamiento, ya que es conocedor de la problemática pero no actúa. Y, sí, hay familias verdaderamente necesitadas de un techo dónde vivir, pero en el caso de Tamaraceite hay muchos narco-okupas, y la policía lo sabe, que están generando miedo e inseguridad entre los vecinos, pero no se está actuando. Si con esto consiguen una nueva vivienda, estamos trasladando los problemas de seguridad de un edificio a otro. Y esto es lo que no se puede permitir.

Después de ver los presupuestos que nos presentan para este año, de conocer el bajo porcentaje de ejecución en inversiones del año anterior, de saber que hay remanentes de un ejercicio a otro, sabemos que hay dinero suficiente para paliar estas desigualdades en materia de primera necesidad, como es la vivienda en nuestro municipio, pero no se hace.

Ningún vecino de nuestro municipio se merece habitar una vivienda en la que  las paredes rezuman aguas fecales, verlas correr por la acera y tener que bajarte a la carretera para no pisarla. Escuchar el roer de las ratas, sentir las cucarachas corriendo y ver cómo llegan a las viviendas los excrementos de las palomas. Tampoco se merecen vivir en sótanos sin ventanas.

Todos tenemos derecho a una vivienda digna, a vivir con tranquilidad y seguridad, a no temer una trifulca o el miedo a denunciar a los que se dedican a la venta de drogas. No se puede permitir que Las Palmas de Gran Canaria tenga ciudadanos de primera y de segunda.

Señor Doreste, ahora ya no viven con lo que usted mismo definió como “la mierda”; ahora corren graves peligros de salud y seguridad, y el ayuntamiento no hace nada para solucionarlo. Es necesaria una limpieza de esos inmuebles cerrados, reparar aquellos desperfectos que están ocasionando graves daños a otras viviendas que sí están habitadas, donde esas familias todavía no tienen un plan de traslado. No nos olvidemos de Tamaraceite.